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Análisis del contexto latinoamericano. ¿Desarrollo económico o con equidad social?*

Roser Malaret
Responsable del área de Latinoamérica y Comunidades Catalanas del Exterior. Dirección General de Relaciones Exteriores, Departamento de Gobernación y Relaciones Institucionales, Generalitat de Catalunya (Barcelona, España)
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Hablar sobre gobernabilidad y relacionar este concepto con el de derechos humanos parte de una premisa: que ambos son indivisibles ya que el buen gobierno lleva al desarrollo humano sostenible. 

Basaré mi intervención en un muy breve análisis del modelo de desarrollo seguido por los países latinoamericanos hasta llegar a la situación actual en la que podemos observar que se mezclan esperanzas de desarrollo humano dentro de modelos democráticos y participativos, con procesos de inestabilidad institucional y síntomas de crisis de gobernabilidad democrática. Este análisis lo realizaré desde el marco de un pequeño país, Cataluña, que invierte en acciones de prevención de riesgos que pongan en crisis la gobernabilidad de estos países. Y ello, precisamente, porque Cataluña tiene como doctrina de país sobrevivir dentro del entorno internacional en un contexto de cohesión social a través del equilibrio entre los factores que miden este desarrollo humano: el nivel de vida, el nivel de escolarización y la esperanza de vida. 

Cataluña, mosaico de culturas diferentes, puede aportar un modelo de desarrollo humano en el que siempre se ha extraído lo mejor de cada pueblo y que ha buscado la riqueza en su gente. Podemos, pues, colaborar exportando lo mejor de nuestras experiencias manteniendo una mentalidad abierta que no busca nunca imponerse sino que es totalmente respetuosa con lo que las personas de estos países quieren y creen ellos que necesitan para su desarrollo. 

Esta mezcla enriquece y facilita el camino para construir instituciones democráticas que faciliten la gobernabilidad y conecten la ciudadanía con el poder político. 

El programa de las Naciones Unidas para el desarrollo y la Generalitat de Catalunya impulsan un proyecto que pretende cooperar a enfrentar las situaciones de riesgo democrático. Y ésta no es una situación adquirida sino de largo trabajo en el tiempo y que obligatoriamente, día tras día, hay que mimar y cuidar para obtener la confianza de los ciudadanos, la creencia en el desarrollo y los objetivos del país. 

Y es que sólo en sociedades satisfechas, se puede ejercer la gobernabilidad. 

El modelo de desarrollo seguido en los países latinoamericanos ha conducido a una situación que conocemos con el término de dualidad; es decir, todos los países tienen un grado mayor o menor de desigualdades, dándose algunos casos extremos donde la exclusión social es muy considerable. 

Parece que la tendencia no aminora, lo cual comporta una vigilancia extrema para que la globalización, según el modo que se está aplicando, no sea sólo un éxito para las capas sociales más favorecidas económicamente. 

La herencia colonial marcó profundamente la estructura económica y social. La economía y la sociedad durante las repúblicas oligárquicas estaban organizadas con un entramado jurídico y estamental donde las diferencias entre ricos y pobres estaban bien definidas y se consideraban como algo consustancial al sistema. 

En todo caso, para solventar las situaciones extremas se organizaban mecanismos de caridad. 
Las únicas épocas donde ha habido intentos reconocidos de aminorar las desigualdades han sido las de los variados gobiernos vividos en casi todos los países entre 1940 y 1970, período en el que se instó el fomento del desarrollo nacional con grados de distribución social en políticas de educación, salud y seguridad social de la que se beneficiaron fundamentalmente los sectores urbanos. 

La crisis económica de los años 80 arrasó con esos intentos y se recurrió a la inversión extranjera y cuando ésta no llega, con facilidad se usa y abusa del endeudamiento del Estado y las empresas públicas. 

Los rasgos más difíciles de controlar han sido la hiperinflación y la deuda externa. 

Se han aplicado políticas de ajuste y hay una mejoría en el crecimiento de las economías pero lo que falta por conseguir es una pauta de distribución equilibrada entre toda la población, sin mencionar el impacto ambiental, que hoy por hoy todavía pocos están considerando en serio. 

Existe un deterioro del medio ambiente, en algunos países arraigado en la pobreza, con enormes problemas con respecto a la calidad del agua, el saneamiento básico y la eliminación de desechos sólidos. 

Sin embargo, existe hoy interés en el desarrollo sostenible y se está trabajando en los dos frentes simultáneamente para apuntar hacia una mayor igualdad social: en el que corresponde a los gobiernos y en el que corresponde a la sociedad civil. 

En todas esas sociedades latinoamericanas se observa, en mayor o menor medida, un acuerdo generalizado de proyecto alternativo de planificación y desarrollo de políticas públicas en educación, sanidad, pensiones y en todo lo que conlleve la reducción de las desigualdades. Las discrepancias surgen en la forma de ejecutar las reformas. 

Los niveles de la deuda externa, aunque crecen más lentamente, todavía son muy elevados y suponen una carga importante. En promedio de todos los países, casi un 20% del valor de las exportaciones se dedica al pago del servicio de la deuda. 

Las entradas de capital actualmente tienen dos destinos principales: Las privatizaciones y ventas de empresas y los bonos de la deuda pública. 

Se echa en falta una sólida base empresarial nacional que invierta, que forme y que desarrolle innovación tecnológica propia para que las repercusiones sean más directas en el desarrollo del país. 

Los países deben progresar con ayuda exterior pero la apuesta debe nacer del interior del país con su propio esfuerzo, con autoestima y convicción propia. 

Esfuerzo para crear una administración eficiente, esfuerzo de estabilidad política y de maduración cívica, esfuerzo contra la arbitrariedad, esfuerzo para proporcionar seguridad jurídica,... En definitiva, esfuerzo para asegurar la viabilidad democrática y la gobernabilidad. 

Las sociedades asimétricas, pues, tal como nos enseña la historia, generan desconfianza. Los ciudadanos dejan de creer en el sistema y se produce, entonces, un alto riesgo de crisis de gobernabilidad que siempre tiene como meta el bienestar y la equidad social. 

Finalmente, y retomando la afirmación hecha al principio de que sólo en sociedades satisfechas se puede ejercer la gobernabilidad, los Estados futuros que todos deseamos, y a los cuales nos acercamos, tienen que renovar su compromiso con esta meta aplicando estrategias adecuadas y ejecutando acciones concretas para que las relaciones entre la sociedad civil y el Estado resulten beneficiosas para la gobernabilidad democrática. 

Hay que desarrollar un entendimiento compartido donde las energías del continente respondan éticamente a los desafíos que representa el logro de un desarrollo humano sostenible con dignidad y equidad en el futuro de las Américas apoyado en un sistema de valores cuyos ejes orientadores sean la equidad, la solidaridad y la sostenibilidad. 

El ejercicio de la gobernabilidad debe crear mecanismos explícitos e institucionalizados que generen credibilidad en el deseo de repartir equitativamente los frutos del crecimiento futuro para mejorar constantemente. Y éste debe ser el objetivo último: la calidad de vida de su población. 


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* Ponencia presentada en el seminario “La reinvención de la política y de la ciudadanía: la gobernabilidad democrática para el desarrollo humano en América Latina”, organizado por el Instituto Internacional de Gobernabilidad en el marco del proyecto LAGNIKS (PNUD - Generalitat de Catalunya) en Barcelona durante los días 22 y 23 de enero de 2001.